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Entrevista
3 de Septiembre de 2015

"Al final del día, tocamos para nosotros mismos"

Por Brian Majlin

Rustem Hayroudinov, actual pianista reconocido internacionalmente y profesor de la Academia Londinense, es sólo un pequeño niño en los años 70. La Unión Soviética lleva a Kazán, la ciudad en que habita, a una severa contradicción: con las condiciones de vida básicamente garantizadas pero un alto subempleo, la gente tiene tiempo libre. Y delinque. Él, sin embargo, intenta mantenerse ajeno a la violencia generalizada, acude a una escuela de música y su familia espera que sea lo que su hermana: un destacado pianista.

Lo exigen y cada mañana, tras el desayuno familiar y pedirle que se quede todo el día practicando, lo dejan solo. Él tiene otros planes. Cada día escapa por la ventana de la cocina de su pequeño departamento de planta baja para jugar al fútbol con los amigos del barrio. Cuando es invierno juegan hockey sobre hielo. Una mañana, el programa Red Amber Green, emitido desde Moscú pero con repeticiones e historias de accidentes de tránsito de todo el país, narra el casi atropello del joven Hayroudinov por un taxi, mientras jugaba fútbol en una carretera. En engaño es, así, descubierto por los padres, el pequeño reprendido y la amenaza de cambiarlo a una escuela sin música se hace latente. " Lo odiaba", insiste con vehemencia Rustem y remarca que su amor era jugar al fútbol, aunque no quería perder a sus amigos de escuela.

¿Cómo fue el cambio?

Hayroudinov: Antes del verano, una profesora me dio un concierto de Rachmaninov y me dijo que practicara la parte más difícil. Me dio el disco y me dijo que probablemente no tenía talento para hacerlo. Cuando llegué a casa lo dejé a un lado, pero una vez que lo puse por primera vez me descubrí a mi mismo llorando. Hubo una conexión emotiva que me llevó de odiar la práctica a hacerlo hasta 9 horas diarias. Me volví un fanático.

La historia de Vladimir Lande, actual director de las Orquestas Estatales de Siberia y San Petersburgo, que en el concierto del 3 de septiembre dirigirá a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires con la participación de Hayroudinov como solista al piano, es diferente. Para empezar es de San Petersburgo, una megápolis que encierra múltiples estímulos culturales como dirá y, por el otro, es quinta generación de músicos y la tradición lo llevó por el camino de la música. 

"Imagino que una megápolis como ésta también dan esas posibilidades", intuye Lande. No es su primera vez en el Colón, donde ha venido en 2011 para dirigir la Orquesta de San Petersburgo, precisamente. Hayroudinov, en cambio, llega por primera vez. Lande le explica que "el Colón es un sitio espectacular, con una grandiosa acústica. Es, probablemente, uno de los coliseos más hermosos de todo el mundo".

¿Y respecto del público qué podés decirle?

Lande: Es una audiencia muy inusual. Son difíciles al principio, reservados, pero si todo va bien con el concierto luego se sueltan y son muy cálidos. Es distinto a otras partes de Latinoamérica.

¿Qué diferencia hay con el público ruso? Aquí existe la fantasía de que el ruso es una persona fría y distante...

Lande: Creo que los latinoamericanos tienen una imagen distorsionada del ruso, que es mucho más parecido a ustedes de lo que creen. Los rusos son cálidos, pueden ser reservados y respetar el espacio personal, sin tanto abrazo y beso, pero son muy cálidos.

Hayroudinov: Y son muy sinceros. Son directos, no vas a dudar de si les gustás o no. En Europa es más complejo: cuando llegué a Londres, en 1992, me costó mucho comprender quién es bueno y quién no lo es. En Rusia es más simple. Y es un público muy conocedor de la música clásica y seguidora, en Moscú hay muchísima gente melómana que paga hasta lo poco que posee para ir a los conciertos.

Hay una gran tradición de música clásica en Rusia...

Lande: Claro, en general es un tema de educación. El público escucha la música, o lee los programas, y ya tiene un preconcepto de lo que van a oír.

A veces cuesta que los jóvenes se acerquen a esta clase de música...

Hayroudinov: En Europa también es un problema.

Lande: Pasa en todo el mundo, porque es un tema educativo y ya nadie está educando sobre eso a los chicos. Cuando crecí, en cada pequeño pueblo o ciudad había una escuela de música y aún los que no iban respetaban eso, porque mostraba una pertenencia a las clases altas. Pero no de riqueza económica, sino cultural e intelectual.  

Hayroudinov: Lo llamamos inteligentzia, y no hace falta ser rico o privilegiado para eso. Podés hacerlo formándote. Pero no es solo problema de Latinoamérica, sino del mundo. En Europa también. Es por la educación: si no tenés suerte, no tenés exposición a la música clásica de chica y es muy difícil adquirir el hábito o el conocimiento de grande. Como aprender a nadar.

O a andar en bicicleta...

Hayroudinov: ¡Exacto! El otro problema es que el mundo y la cultura se han tornado extremadamente visuales. La juventud, los chicos, no están preparados para escuchar música y prestar atención a algo que no tiene imágenes cambiando a cada rato en una pantalla. El pop se vende a través de videoclips, efectos especiales, hombres y mujeres bonitas y se asocia la música a ese estilo de vida. De algún modo, lo que hacemos es la forma más honesta de hacer música. Lo hacemos a plena luz, sin trajes sexy...

Lande: Hablá por vos...

Hayroudinov: (Risas) No hay efectos especiales, ni explosiones espectaculares, y si sos joven e impresionable tenés que ser demasiado receptivo para entender que esto es lo real. Muchos jóvenes me preguntan por qué no toco algo como Madonna y yo les pregunto si ellos creen que se seguirá tocando Madonna en 400 años.

¿Qué dicen?

Hayroudinov: En general se quedan pensando. Y lo cierto es que mucho de lo que toco tiene 400 años o más, ¿pueden imaginar la calidad de esa música? Si las personas disfrutan de eso hace tantos cientos de años es por su valor. 

Quedó claro, no escuchás Madonna...

Rustem: (Risas) No me mal interpretes. Es cierto, no escucho Madonna, pero escucho todo tipo de música talentosa.

¿Se puede enseñar a los adultos sobre música clásica o si no aprenden de chicos ya no se puede?

Lande: Se puede. Y el mejor ejemplo son las lecciones de Leonard Bernstein, que han educado a generaciones y son para chicos, jóvenes y adultos por igual. Era sofisticado y accesible. El problema es que al menos 3 generaciones ya no toman eso en cuenta. Un ejemplo son los musicólogos que dan charlas antes de los conciertos, pero lamentablemente quedan pocos serios, y muchos que repiten lo que puede obtenerse en internet de todos modos.

¿Y qué se puede hacer?

Rustem: Yo hablo mucho en el concierto. E introduzco el humor: si decís la información pero no como lección elevada, sino como algo entretenido y desde lo que te genera esa música o con algún agregado de color sobre el compositor y sus razones, puede funcionar. No es universal, pero la mayoría de la gente ve que no es algo elevado necesariamente, y puede ser interesante: ese es el truco. Tiene que hacerse porque hay un enorme hiato generacional y la gente se pierde de lo rica que podría ser su vida si se acercaran a esta música..

Lande: Es interesante que en la mayor parte de Asia se reconoce que educar a los chicos en música y artes cambia sus vidas, porque las conexiones neurológicas en sus cabezas es distinta si estuvieron expuestos al arte y la música clásica.

"Es un hecho científico", se emociona Rustem con la teoría que da sustento a su intuitiva propuesta. Y le sigue una serie de anécdotas sobre cómo una pizzería norteamericana incluía solo conductores y repartidores músicos porque sus cerebros estaban mejor desarrollados.

¿Cuáles son sus expectativas de tocar en el Colón?

Hayroudinov: No las tengo, espero lo que venga. Trataré de hacer tan bien mi trabajo como pueda y si soy capaz estaré feliz. Al final del día, tocamos para nosotros mismos. Claro que es para la audiencia, pero no para el aplauso, si están felices y yo no, me siento miserable. Trataré de hacerlo muy honesto y ojalá les guste, aunque con la orquesta es completamente distinto porque es un esfuerzo colectivo y el éxito, no en materia de aplausos sino de concreción musical, es un tema de coordinación de todos.

¿Cómo fue el trabajo con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires?

Lande: Hubo un esfuerzo veloz por ajustarnos y trabajar con rapidez por la forma en que llegamos y pronto debemos tocar, pero han hecho un grandioso trabajo y creo que será una gran performance.