NOTICIAS

Entrevista
1 de Abril de 2016

Emilio Sagi: catalizador de emociones

Por Brian Majlin

Uno de los dilemas esenciales de las artes es la premisa que guía a unos hacia la búsqueda de la novedad y a otros hacia la aceptación de que todo está hecho. Entre el rupturismo y la aceptación borgeana de que todo es reinterpretación, Emilio Sagi, multipremiado y reconocido director de escena español y ex director del Teatro Real de Madrid, se para en una postura intermedia, concede que todo está inventado -¡para qué negarlo!- pero asume que desde ese lugar se puede obtener un resultado distinto: la frescura. La novedad. 

Desde esa concepción, recibió la propuesta -casi un año atrás- de llevar a cabo la puesta en escena de Don Giovanni, una de las piezas más entrañables -y repetidas- de la literatura y la dramaturgia universal que, sin embargo, nunca había hecho en sus más de 35 años de trayectoria. Con su libreta de apuntes emblemática -esa en la que apunta cualquier elemento de la vida cotidiana que puede servir como disparador de alguna idea- comenzó una labor de disección y estudio de la pieza que escribiera Lorenzo Da Ponte y cuya música compusiera Wolgang Amadeus Mozart, a fines del siglo XVIII. Pero no se obsesionó por la novedad: "No pretendo desde el vamos hacer lo que no se ha hecho, sino hacer mi idea y que la gente vea el trabajo teatral detrás de la pieza. Al seguir la propia idea lo que puede lograrse es más importante, algo fresco, algo auténtico".

¿Cuál es esa idea?

Respetar aquello que creo que Mozart llamó de primera vez como drama jocoso, como muchas obras del teatro español. En cierta forma está vinculado, es una mezcla entre drama y unos personajes pícaros, populares, que entremezclan comentarios graciosos con el drama. Esa mezcla es lo que me interesaba. Y sacar un Don Juan que, siendo un rebelde, no fuera un monstruo, sino alguien que busca en ese amor de tantas mujeres un momento eterno. También creo que es muy importante la distinción entre clases sociales en esta obra y su comportamiento ante este personaje. Esas ideas trabajo.

Dices que las ideas salen de los apuntes que tomas de la vida cotidiana...

De los personajes que encuentras a tu alrededor. La vida te da muchas ideas porque conoces gente o has visto cosas de determinada manera y eso te provoca ideas. Un director de escena tiene que estar muy cercano a la vida cotidiana, social, política y absorber todo eso. Yo creo que nuestra alma está esencialmente compuesta por la imaginación, somos seres imaginativos. De todo lo que llega, muchas veces se puede sacar algo y nunca se sabe de qué. 

***

Emilio Sagi nació un sábado a fines de septiembre, en 1948. En plena reconstrucción de posguerra y en los albores de una guerra fría que tendería a construir muros físicos y conceptuales. Sin embargo, con la influencia de una familia multidisciplinaria -y destacada en rubros tan diversos como el fútbol, el canto lírico, el baile, y el basquetbol- , y la admiración que le provocara ver a su tío famoso -Luis Sagi Vela, que llegaría a cantar en el Colón- en el teatro más popular de Oviedo, Emilio comenzó un vínculo con la ópera, la zarzuela y la dramaturgia en general que daría frutos: pese a dedicarse primero a la filología inglesa y doctorarse en Londres -su tesis fue sobre Ópera, precisamente- acabaría incursionando en el mundo de las artes escénicas hacia 1980, en Oviedo, con La traviata, de Giuseppe Verdi. Diez años después sería nombrado como director del Teatro de la Zarzuela. 

Como director de varios teatros por años, sabes de la dificultad de conjugar lo artístico con lo administrativo... 

-Creo que los directores de escena somos buenos directores de teatro porque sabemos lo que es el teatro desde adentro. Sabemos lo que hay y lo que tiene que haber, quién es profesional, quién es bueno y regular, y quién es vago o inútil. Pero también es muy difícil porque tienes ambas labores, artísticas y de despacho, que provocan mucho estrés. 

¿Y volverías a hacerlo?

No, ya no, he sido muy feliz pero no. Queda mal que lo diga porque muchos desean trabajar, pero a mi edad yo quisiera tener un poco menos de trabajo, de proyectos, para poder  vivir un poco más calmo.

Hablando de edad, como artista y director, ¿notaste la necesidad de renovación de públicos?

Yo creo que los teatros están haciendo mucho en ese sentido, aunque nunca es suficiente. Salvo en Asia, donde es más nuevo el género y son más entusiastas, aquí y en Europa ya han tenido mucho tiempo. Un buen ejemplo de lo que hacen los teatros es que existan funciones baratas, como habrá aquí con Don Giovanni, porque si no se dificulta el acceso. Y es muy importante darle lugar a la parte teatral: ahora la gente joven tiene mucho por ver a su alcance, el cine más maravilloso,  teatro, el Cirque du Soleil, videoclips, hay una cantidad de imaginería constante y si vienen a la Ópera y hay una señora con tirabuzones, miriñaques y el coro en fila cantando, pues, verá que es una porcelana de vitrina, algo sin vida. Por eso creo que los teatros están apostando por la teatralidad y la dramaturgia y es un acierto. Cuando vean que aquí hay teatro, que no es obsoleto ni viejuno, como decimos en España, van a venir con gusto. 

Hacés hincapié en el poder de la dramaturgia, ¿qué rol juega el teatro hoy en día?

Bueno, creo que el mismo de siempre: es un catalizador de miles de cosas. En primer lugar de emociones, es lo primero que debemos reivindicar los humanos, porque ni los ordenadores ni robots tienen el sentimiento y la emoción. Hablo del buen sentimiento, no del sentimentalismo cursi. Ese es el primer valor, catalizar emociones, más allá de que sea que te mueras de risa o que te parezca algo terrible lo que estás viendo. Luego también catalizar otras cosas: políticas, como cuando en la España de Franco fue un gran revulsivo para estudiantes de la época, sociales, la imaginación y el desarrollo de los niños, entre otras. 

Y la renovación de títulos aporta lo suyo...

Claro, es importante que se hagan obras contemporáneas, como Die Soldaten, que vendrá aquí y es maravillosa, una ópera sobrecogedora. Los jóvenes esperan que sea fuerte, teatral, que no sea un mero escaparate. Eso ayudará a la renovación: los años nos llegan a todos y es algo necesario.

Destacás lo hecho aquí en ese sentido, ¿cómo es tu vínculo con el Colón?

Este teatro es de los más grandes del mundo. Su historia y todo. Y hay un vínculo familiar con el teatro y la ciudad. Mi tío Luis Sagi Vela, mi abuelo Emilio Sagi Barba y mi abuela Concha Liñán, han actuado en este teatro o en Buenos Aires, y es un lugar que quiero mucho. Aquí reinauguré el Teatro Avenida, aquí debuté en 1988 haciendo La Verbena de la Paloma en el Parque Centenario, con 15 mil personas, y aquí debuté, en 1992, en el Colón. Y hasta me di el gusto de hacer La Celia en el Maipo Kabaret. 

Ecléctico...

Me gusta cambiar de género porque es higiénico para la cabeza y la profesión de uno. 

¿Para los cantantes también?

Claro que sin descuidar su talento y especialidad del canto lírico, pero es bueno. No me molesta que canten tangos, románticas o lo que quieran. Uno de los que aquí cantan en el segundo reparto, Santiago Burgi, viene del heavy metal y lo hace excepcional. La curiosidad artística es buena para todos.