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Entrevista
4 de Noviembre de 2015

Florencia Sanguinetti:
El arte motoriza los cambios

Por Brian Majlin

Pensadores, filósofos y artistas han discutido por siglos acerca de los hilos que guían la historia de los hombres. Han buscado en las leyes naturales - Immanuel Kant-, en las leyes de la razón -Georg Hegel-, o en las fuerzas productivas y la lucha de clases -Karl Marx- pero todos coincidían en ver al desarrollo histórico como un proceso vital que escaba a la comprensión de los hombres. En la búsqueda por asir aquello que se esconde tras la mera cotidianeidad del ser humano, los artistas han buscado -fallidamente o no- la forma de dar un sentido a la vida.

Por cada uno que creyó que el arte debía reflejar la sociedad, existió otro que dijo que servía solo para modificarla. Por cada Arthur Miller que dijera que el teatro es el enfrentamiento de la sociedad consigo misma, había un Bertolt Brecht que pedía -a gritos- que el arte no reflejara la realidad, cual espejo, sino que fuera un martillo para moldearla.

Imbuida de esos y tantos otras influencias adquiridas en más de 25 años de formación, Florencia Sanguinetti arriba por primera vez al rol de regisseur sobre el escenario del Colón. Y lo hace con su propia concepción: "El arte cumple el rol social de motorizar los cambios, esa es su razón de ser fundamental".

Ante todo, cabe aclarar, El Ángel de Fuego, la impactante ópera de Sergei Prokofiev, que subió el martes 3 de noviembre por tercera vez al Colón tras más de 40 años de su última puesta local -1971- y que será interpretada en Argentina por primera vez en ruso, no es su primer trabajo. Sanguinetti destaca que lleva decenas de puestas dirigidas en diversos teatros locales y extranjeros; y se suma eso a la vasta trayectoria que la tiene como coordinadora de producción escénica en el Colón, donde asistió en innumerables títulos a los más destacados directores nacionales e internacionales.

Pero, por alguna u otra razón -mayormente administrativas- nunca había podido dirigir aquí, en esta casa y bajo este techo que la ha cobijado por más de 20 años, desde que estudiara la carrera de dirección escénica de ópera en el Instituto Superior de Arte. Sus impresiones, los nervios previos al debut, muestran el compromiso que conlleva. La felicidad, la ansiedad "normal" que invoca es por la dedicación: "Esto es el resultado de más de un año entero de trabajo y de muchas personas que han sabido interpretar y acompañar las ideas y el lenguaje establecido por uno. Es un arduo trabajo en equipo".

"Uno viene con una propuesta pero cada uno inserta su parte y uno es responsable de la puesta hasta cierto punto. Es lo que me fascina del teatro y de la ópera", añade, mientras explica lo dificultoso -extraño- que le resulta sentarse en la platea y ver, desde ahí, la puesta para la que tanto ha trabajado.

-Tenés mucha trayectoria, pero es tu primera vez aquí, ¿qué implica esa llegada?

-La exigencia acá es mucho más grande. Estoy exponiéndome y mostrando mi trabajo y capacidad creativa en mi propio ambiente laboral, con mis compañeros y con la gente más cercana. Frente a la gente que más admiro y cuya opinión más me importa. Y en el Colón, que es el sitio de mayor repercusión.

-¿Ese desafío te incentiva o te genera temor?

-No solo no me paraliza sino que es un momento muy esperado, porque es algo que quise siempre, aunque nunca lo pedí. Me sentí muy apoyada por toda la gente acá y muy contenida. Ya es una satisfacción el involucramiento y trabajo de cada área del teatro.

La presentación de la obra de Prokofiev, a su vez adaptada de la famosa novela del simbolista ruso Valeri Briusov, que la escribiera en 1908, arrastra infinidad de complicaciones: lo intrincado de la puesta y la poética, el simbolismo, la multiplicidad de interpretaciones, la discrepancia entre la música y la puesta, la distancia entre la expresividad sonora y la actoral. Pero además, Sanguinetti le añade otra a esta versión que se ve en el Colón, ya que es íntegramente cantada en ruso, su idioma original.

"El idioma es la mayor complicación, porque para dirigirla tenés que saberla de memoria y la complejidad del texto en ruso se hace imposible", grafica la directora, que destaca su preferencia por las artes visuales, herencia de su primera carrera (Diseño Gráfico). También destacará, a lo largo de la charla -y en varias ocasiones- que no hay dirección posible si no hubo, antes, años de asistencia: "No respeto a ningún director de escena que no haya sido antes asistente. Es la parte vital del teatro, no se puede saltear en la formación más allá de todo lo que se estudie".

-Es complicada...¿hubieras elegido esta pieza para tu debut?

-Sí, me fascina y tuve mucha suerte de tenerla. Me seduce su simbolismo, la posibilidad de usar ese lenguaje poético y con el objetivo de despertar sensaciones a partir de la puesta. El fuerte pasa por lo sensorial y las imágenes y no por su argumento o trama. La riqueza y el sentido es el interrogante, la confusión, no la explicación: despertar incertidumbre, ambigüedad.

-Muchos directores hablan del impacto del arte a partir de la coyuntura...¿cómo resonar temáticas escritas hace tantos años?

-La obra es absolutamente actual: trata diferentes temáticas, pero muchas son de ahora. Por ejemplo, la más interesante es el aspecto violento e irracional de las creencias y del fundamentalismo religioso. En este caso expresado en la religión católica, pero atañe a todas en general. Lo vemos hoy con las torturas y masacres en nombre del Islam, en Siria o en África.

-Otra interpretación posible es sobre la violencia y el abuso infantil...

-Es otra faceta que sin duda está presente y me interesó desplegar. Y es sumamente actual, pero quiero dejar que el espectador, como querían los simbolistas, sean los que interpreten...

Aunque Sanguinetti intentará evitar dar una visión machista del mundo de la ópera, reconocerá  una carencia notable de directoras. En efecto, ha trabajado con sólo dos mujeres directoras en 25 años. La presencia mayoritaria del hombre no respondería a una cuestión necesariamente machista en el ambiente, donde ella explica que la han tratado siempre con respeto, sino al machismo de la sociedad en su conjunto: en una carrera extremadamente intensiva y que obliga a una presencia de lunes a lunes, no es fácil para una mujer que sobrelleve una familia tradicional y con patrones de comportamiento tradicionales o conservadores.

"Se puede formar una familia -aclara la directora- pero hay que conseguirse un marido como el mío, que siempre quiso compartir la crianza de los hijos y repartimos los roles. Si un hombre puede, por qué no una mujer, es un planteo retrogrado que no puede existir. Tenés que buscar un hombre que piense igual nomás".

-Otro estigma que carga la ópera es el de ser un género impopular...

 -Solo hay una forma de revertirlo: con un programa de entrada a la ópera en la infancia. La única forma de entrar a este universo de ópera y música lírica es descubriéndolo de niño. El Colón debe ofrecer un programa que incluya a los chicos en esto.

-¿Cuál es el rol social del arte en general y del teatro en particular?

-El arte es fundamental. Si uno mira en la historia, siempre a partir de un hecho artístico es que cambia la historia. Siempre son los artistas los que echan la chispa del cambio social. Ese sigue siendo el rol: poder despertar reflexión y ayudar a modificar la realidad.

 

El Ángel de Fuego se presenta los días 3, 6, 8 y 10 de noviembre, con dirección musical de Ira Levin y dirección escénica de Florencia Sanguinetti.
La última función será transmitida en vivo a través de teatrocolon.org.ar.

 

 

Fotos: Máximo Parpagnoli