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2 de Octubre de 2015

Macbeth: un mazazo a la conciencia de Occidente

Por Brian Majlin

Hace un puñado de días -apenas milésimas de segundos si se trazara una línea temporal de la humanidad- el mundo entero sintió el cimbronazo emocional de la muerte impúdica y ridícula: Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años, yacía inerte en las playas de Turquía a las que buscaba llegar con su familia para salvarse de la guerra.

Algunos pusieron la etiqueta de crisis migratoria a un problema que, lejos de ello, se ha desnudado como un cisma civilizatorio: de un lado, la humanidad y sus búsquedas y fines; del otro, la mera barbarie de un sistema económico y político en descomposición.

¿Pero qué sabemos de los más de 56 millones de refugiados en todo el mundo? ¿Qué sabemos, acaso, del Congo?

La crisis humanitaria en una de las repúblicas más jóvenes del mundo -apenas en 1997 mutó de Zaire a República Democrática del Congo- es el tema central de la versión de Macbeth que llegará al Teatro Colón en el marco del décimo Festival Internacional de Buenos Aires.

Ambición y traición, temas centrales de la obra de William Shakespeare que Giuseppe Verdi llevara a su versión de ópera en 1847,  son adaptados por el dramaturgo sudafricano Brett Bailey junto a su compañía Third World Bunfight para localizar la trama en un grupo de refugiados congoleños que, en su huida, recupera un baúl repleto de partituras y materiales de la ópera de Verdi y canaliza la obra hacia otro sitio: la denuncia de las brujas -las empresas mineras multinacionales- que hacen del Congo una masacre cotidiana.

El teatro de Brailey y de Third World Bunfight es un mazazo a la conciencia occidental y, con esa premisa de defensa del tercer mundo, llega a la Argentina. Aclamado como el Rimbaud de Sudáfrica por la crítica de ese país, Brailey tiene una concepción trascendental -a pesar de su realismo- del arte y el teatro en particular: refleja y denuncia la miseria social imperante para provocar un cambio.

En su recordado mensaje por el día mundial del teatro en 2014, el director explicó su idea con un golpe a la mandíbula de intérpretes y dramaturgos: "Nosotros, los artistas que trabajamos con este antiguo espíritu, nos sentimos impulsados a canalizarlo a través de nuestros corazones, nuestras ideas y nuestros cuerpos para revelar nuestras realidades en toda su cotidianeidad y su rutilante misterio. Pero en esta época en la que tantos millones de personas luchan por sobrevivir, sufren bajo regímenes opresivos y el capitalismo depredador, huyen del conflicto y la escasez; en la que nuestra privacidad es invadida por servicios secretos y nuestras palabras censuradas por gobiernos intrusivos; en la que se aniquilan los bosques, se exterminan especies y se envenenan los océanos: ¿Qué nos sentimos impulsados a revelar? En este mundo de poder desigual, en el que distintos órdenes hegemónicos intentan convencernos de que una nación, una raza, un género, una preferencia sexual, una religión, una ideología, un marco cultural es superior al resto, ¿se puede realmente defender la idea de que las artes deberían apartarse de las agendas sociales? Nosotros, los artistas de escenarios y ágoras, ¿nos conformamos con las demandas asépticas del mercado, o utilizamos el poder que tenemos: para abrir un espacio en los corazones y las mentes de la sociedad, para reunir gente a nuestro alrededor, para inspirar, maravillar e informar, y para crear un mundo de esperanza y colaboración sincera?".

Macbeth es un poderoso relato, una cruda denuncia y un grito desesperado, interpretado por el grupo Third World Bunfight, con música añadida a la de Verdi por el belga Fabrizio Cassol. De realismo arrollador, de notable vitalidad y con una música inabordable, cumple con la premisa del grupo teatral, cuyo autoproclamado ethos reside en la "creencia en la potencia del arte y los espectáculos para activar personas, energizar situaciones deprimidas, integrar al marginado, transformar y curar ".

Macbeth, con dirección de Brett Bailey, se presentará en la Sala Principal del Teatro Colón bajo el marco del 10mo Festival Internacional de Buenos Aires el domingo 4 de octubre a las 17 y el lunes 5 a las 13. Entradas a la venta siguiendo este enlace.