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El Mundo
April 1st, 2016

El Colón, destacado por The New York Times

Esta semana, el periódico The New Times destacó la participación del Teatro Colón como punta de lanza en los homenajes que se llevan a cabo alrededor del mundo a Alberto Ginastera, el más importante compositor argentino, de cuyo nacimiento se cumplen cien años. A continuación, la nota traducida al español, donde el director artístico del Teatro, Darío Lopérfido, señala la importancia histórica y la unanimidad sobre la figura y la obra de Ginastera. La nota original, en inglés, puede verse siguiendo este enlace.
 

El compositor argentino más internacional consigue reconocimiento global

Por Rebecca Schmid

El compositor argentino Alberto Ginastera está establecido como una voz líder en Latinoamérica. A la manera de Béla Bartók en Hungría o Aaron Copland en los Estados Unidos, su síntesis de elementos del folclore nativo en complejas formas musicales allanó el camino para el desarrollo de la música orquestal en su país de origen.

Pero el legado de Ginastera trasciende las fronteras de Argentina. Él no sólo resistió y, eventualmente, huyó del régimen autoritario de su país, sino que, además, su catálogo de más de cien obras -muchas de las cuales se estrenaron en suelo estadounidense- ocupa un lugar primordial en la historia de la música del siglo XX. 

Esta temporada, para conmemorar el centenario del nacimiento de Ginastera, orquestas de todo el mundo profundizan no sólo en composiciones ampliamente conocidas, como el Concierto para arpa o las danzas del ballet Estancia, sino en su obra completa. La Filarmónica de Los Ángeles, la Filarmónica de Berlín, la Sinfónica de Gotemburgo y la Sinfónica de Boston son algunas de las instituciones que han incluido programas prominentes. También se encuentran representaciones en lugares tan alejados como Taipei, Taiwan y Katowice, en Polonia. 

Tal vez el caso más significativo, el Teatro Colón en Buenos Aires presenta una gran retrospectiva de las obras del compositor, desde su última ópera, Beatrix Cenci, hasta las sonatas para piano.

Para Darío Lopérfido, director artístico del Teatro Colón, el programa es fuente de gran orgullo considerando que dos de las tres óperas de Ginastera se estrenaron antes en Washington que en Buenos Aires. Su segunda ópera, Bomarzo, fue inicialmente prohibida en su país por “referencias obsesiva al sexo, violencia y alucinaciones”. Beatrix Cenci no se estrenó en Argentina hasta 1992, nueve años después de la muerte de Ginastera. 

“Ginastera es nuestro compositor más internacional”, dijo por teléfono Lopérfido desde Buenos Aires. “Argentina es un país con muchas discusiones y peleas. Pero no en este caso. Es un momento para mostrar al mundo lo mejor de nuestra cultura”.

La vida musical alrededor del país tiene una deuda con Ginastera, desde la música de tango de Astor Piazzolla, su primer y más conocido alumno, hasta el Conservatorio de Música Gilardo Gilardi de La Plata. El Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales, o CLAEM, el cual fundó para exponer a los compositores latinoamericanos a las corrientes internacionales del modernismo musical, engendró a figuras influyentes como el recientemente fallecido Gerardo Gandini, quien también tocó el piano en el sexteto de Piazzolla Nuevo Tango.

SIn embargo, las condiciones políticas durante la vida de Ginastera lo obligaron a trasladarse al exterior. En 1945, con la ayuda de Copland, ganó una beca Guggenheim para viajar a Estados Unidos. Fue alrededor de esta época que su música se desplazó de un material nacionalista menos explícito, como las danzas competitivas de los gauchos o mestizos, a fuentes más abstractas, espirituales, en un período que él mismo llamó “nacionalismo subjetivo”.

Siguiendo la destitución de Perón en 1955, Ginastera creció como compositor y educador, pero apenas una década más tarde se alzó la violenta dictadura de Onganía. Cuando la ópera Bomarzo fue censurada, en 1967, Ginastera respondió imponiendo una prohibición de su música en todo Buenos Aires. En 1971, el mismo año en el que CLAEM fue obligado a cerrar sus puertas, trasladó su residencia a Ginebra.

Mientras el compositor se mantenía profundamente conectado con su país de origen, comenzó a adoptar un sentido más amplio de identidad española en su música. Y tan pronto como en la década del 50, paralelamente a sus actividades en el CLAEM, había comenzado a integrar elementos estilísticos tan dispares como música dodecafónica y realismo mágico. Trabajos de un período posterior, como el Concierto para arpa, mantienen su vitalidad rítmica al mismo tiempo que crean atmósferas inquietantes y modernistas.

El director de orquesta español Juanjo Mena, quien dirige varias presentaciones de Ginastera esta temporada, dijo por teléfono desde Londres que el compositor “tradujo lo que se encontraba alrededor suyo”, absorbiendo influencias desde Ravel y Stravinski hasta Copland, y al mismo tiempo comunicando los ritmos del campo argentino de una manera clara.

La instrumentación y los ritmos de Ginastera uno por uno impactaron a Copland. La musicóloga y experta en Ginastera Deborah Schwartz-Kates ha documentado una influencia recíproca entre el ballet de Copland “Rodeo” y “Estancia”, un ballet sobre la vida de los gauchos.

“Ambos cultivan tropos pastorales de paisajes abiertos”, dijo ella por teléfono desde Miami, citando “esbeltas, espaciosas armonías que representan ideas de apertura, espacio y, metafóricamente, el ideal de libertad sobre el que sus respectivos países se fundaron”.

Los temas explícitamente argentinos en la música de Ginastera pueden haberlo encasillado como un cierto tipo de compositor, sin embargo, incluso en su período tardío de experimentación estética. “Una pieza de música dodecafónica no necesariamente se ajusta a ciertos estereotipos de lo que la latinidad debería significar”, señaló Schwartz-Kates.

Su Concierto para violín, el cual fue encargado por la Filarmónica de Nueva York para su temporada inaugural en el Lincoln Center en 1963, cita a todos a la vez -desde Paganini a Shostakovich- en sus texturas instrumentales, distintivamente inspirado en Bartók y altamente personal. “Los estados de la mente son muy directos”, sostuvo el violinista Michael Barenboim, quien tocará la obra con tres orquestas diferentes esta temporada. “Cuando quiere expresar enojo, se nota. Al mismo tiempo, todo es formalmente estricto y estructurado”.

La política también ha jugado un rol en la recepción de la música de Ginastera. Después de trasladarse a Suiza, su red en las Américas se debilitó. Aunque vivió para ver Bomarzo representada en Buenos AIres en 1972, el compositor no recibió elogios del gobierno argentino por la ópera que él consideraba su trabajo más importante.

Aunque la música de Ginastera nunca dejó de estar en circulación, la percepción de que era más internacional que argentino no siempre jugó a su favor. “Él ocupó un área gris donde era muy reconocido para ser argentino en Argentina pero, en el resto del mundo, demasiado argentino para ser reconocido”, afirmó Schwartz-Kates.

Gracias a las crecientes actividades académicas de la última década, existe la oportunidad de revalorar la importancia de su música. Para las representaciones del centenario de este año, la editorial que publica a Ginastera, Boosey & Hawkes, ha preparado nuevas ediciones de varias de sus obras más importantes.

Y como por arte del destino, el recientemente elegido presidente Mauricio Macri se ha dispuesto a revertir décadas de políticas peronistas. En diciembre, un concierto inaugural para Macri en el Teatro Colón incluyó la ejecución de una parte de la suite Estancia. “Es un momento simbólico”, señaló Lopérfido. “Los ciudadanos presienten que Argentina será amiga de otros países. Es un momento de esperanza”.

 

Traducción: Eva Jersonsky.