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El Teatro
16 de Mayo de 2016

Orquestas, muestra de Guillermo Roux

Por Brian Majlin

El arte de Guillermo Roux es una invitación a reflexionar sobre la existencia. Eso que, considera, es el leit motiv de cualquier forma artística.

Con esa carga, el martes 17 de mayo, a las 18, inaugurará la muestra Orquestas, que estará un mes en los salones del Teatro Colón.

Quienes asistan a funciones o a visitas guiadas podrán apreciar una selección de veinticinco pinturas realizadas entre 1993 y 2015 que, con un núcleo temático musical, ocupará las paredes del Foyer, el Salón Dorado y la Galería de Bustos.

A juzgar por las propias sentencias que ha blandido en 87 años de vida, para rastrear la existencia, las vivencias, las creencias y cada aspecto de la cosmovisión de Guillermo Roux, habría que sentarse -por horas y días- a observar sus murales y pinturas.

Hombre de fe y de mucha espiritualidad, reconoció hace más de 10 años -en una entrevista en La Nación- que toda pintura es autobiográfica. Claro que no en forma explícita o a simple vista.

Si uno se abstrajera por un rato del contexto y posara la mirada sobre las pinturas de Roux, uno de los pintores surrealistas más destacados de la Argentina -al punto de recibir el Konex de Platino por tal motivo en 1982-, podría halla el peregrinaje y el silencio, primero, y la caricia infernal del éxito, después. Ese que domó con paciencia y que no lo movió de su eje, ubicado en una casita de Martínez, en donde pasa sus días pintando -como ahora, que pintó la pileta de su casa-, acompañado de su esposa Franca.

Nacido hace 87 años en el barrio de Flores, imbuido del espíritu de su padre, el dibujante e historietista Raúl Roux, de los lápices y borradores a disposición, Guillermo se embarcó en una firme y temprana decisión: sería pintor. Con poca resistencia familiar primero, con apoyo y tesón después, hizo un camino de mucha introspección y aprendizaje.

Para ello viajó por más de 20 años, se instaló en diferentes países, comenzó y abandonó estudios en Bellas Artes, forjó, como dijo alguna vez, un camino que partiera del conocimiento de lo que ya había sido hecho antes. Así se lo había recomendado, en su juventud, Benito Quinquela Martín.

Gullermo Roux fue y vio. Y recién a los 40 años, desde la década del 70, trazó su biografía en telas y paredes. El reconocimiento, en todo el mundo, fue inmediato y es, desde entonces, uno de los pilares de la pintura argentina.