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Ópera
4 de Febrero de 2016

Rufus Wainwright, una noche contra el status quo

Por Brian Majlin

Hace días, el diario El País, de España, lo definió como "el músico total", por el vértigo y la multiplicidad de ramificaciones de una prolífica carrera que lleva más de 35 de sus 42 años de vida. En ese alocado e intenso trajín, Rufus Wainwright se aventuró en el proceso creativo que definió como "una ruleta rusa", para dedicarle a su primer amor adolescente, la ópera, un canto de amor. Y lo hizo como una forma de combatir el status quo.

Si por su compleja trayectoria se lo hubiera catalogado como un músico pop, bien habría valido el mote. Pero Wainwright se ha salido del molde, ha gritado que el pop es comercial y predecible y lo ha hecho montando una escena que, como su vigor artístico reclamaba, no podía ser otra cosa que un desplante estético: una ópera, una búsqueda monumental y decimonónica -o anterior- en pleno siglo XXI.

Su nombre aparece en bandas sonoras de películas híper exitosas -Across The Universe (The Beatles), en I am Sam y Hallelujah (Leonard Cohen), en Shrek-, sus discos han recogido premios y nominaciones -Grammy incluido-,  pero faltaba algo en su vitrina de compositor consumado.

Dice que nunca había visto una ópera dedicada a la ópera y sus cantantes. Y como esos escritores que hacen libros sobre escritores sufridos o fallidos, Rufus Wainwright elaboró una pieza entera dedicada -inspirado por entrevistas y padeceres de María Callas, según confesara- a los sufrimientos y dudas, a los vaivenes artísticos y psicológicos, de los cantantes de ópera.

"No es para cobardes", señaló al hablar sobre el inmenso desafío de pensarse como un compositor de óperas. Músico diverso, afincado en el pop y señalado por Elton John como el mejor cantautor del planeta, Wainwright recorre el género con la misma pasión con que ha puesto en cada proyecto. Se propone una trilogía, luego de Prima Donna trabaja en otra ópera y sueña con una tercera: "No puedes ser compositor de ópera sin haber hecho al menos tres", disparó.

Para su debut operístico -aun antes de que luego musicalizara sonetos de William Shakespeare- trabajó con recuerdos de la vida de su madre, la cantante Kate McGarrigle, con quien hiciera giras y presentaciones a los 10 años. Se estrenó en 2009 en Manchester, y fue presentada en Londres, Toronto y Nueva York. Y la Canadian Opera Company le encargó su segunda ópera, sobre el emperador romano Adriano, que verá la luz en Toronto en 2018.

Wainwright llega con su Prima Donna a Buenos Aires el 19 y 20 de febrero*, en el marco del Festival de Verano** del Teatro Colón, que busca trascender las fronteras físicas y artísticas del Teatro y acercar nuevos y diversos espectadores, como una presentación especial de Colón Contemporáneo y en versión acotada, con proyecciones especialmente diseñadas para agigantar la imagen de la cantante, la prima donna, y celebrar el objeto de su pasión con un cierre de él interpretando una selección de sus composiciones. Será, a todas luces, una aventura por la ópera y la música en toda su vastedad: una noche con Wainwright contra el status quo.
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* Las entradas para Prima Donna y Stifters Dinge (25, 26, 27 y 28 de febrero) en la Sala Principal, ya están a la venta en boletería del teatro y en tuentrada.com/colon

** El Festival de Verano comienza el 14, 16 y 17 de febrero con la presentación gratuita de Mahagonny-Sognspiel  y continúa con La Historia del Soldado 18, 19 y 21. Ambas, como el concierto de la Orquesta Estable del 20 de febrero y Matinée Fantomás (23 y 24) serán con entrada libre en Plaza Vaticano.