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Teatro Colón
Antecedentes
de la actividad musical en Buenos Aires
Los
espectáculos teatrales en Buenos Aires se iniciaron a fines
del siglo XVIII. En tiempos del Virrey Vértiz, se construyó
el Teatro de la Ranchería, en la esquina de Perú y
Alsina. Allí se estrenó, en 1789, la primera versión
de Siripo de Manuel José de Labardén. Como
complemento de los dramas y comedias, se ofrecían tonadillas
–como se hacía en España– que cantaban
las actrices y los actores con acompañamiento de guitarra
y concluían con el baile de boleras y seguidillas. El Teatro
de la Ranchería, o Casa de Comedias, fue destruido por un
incendio en agosto de 1792. Hasta la construcción del Teatro
Coliseo en 1804, Buenos Aires permaneció sin teatro, pero
la actividad se realizaba en cualquier lugar adecuado y accesible
a la concurrencia.
Las primeras manifestaciones de teatro lírico comenzaron
a principios del siglo XIX. Después de la Revolución
de Mayo, se inició una intensa actividad musical. Antonio
Picassarri –pianista, cantante y director de orquesta–
introdujo el canto operístico y sobre la década del
’20 llegaron los primeros artistas europeos. |
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Recién
en 1825, se formó la primera compañía lírica
y pudo ofrecerse en Buenos Aires una ópera completa, Il barbiere di Siviglia.
Los
problemas políticos del gobierno de Rosas alejaron a los artistas,
pero, a partir de 1848, la actividad cobró nuevo impulso. Las
representaciones se realizaban en el Teatro de la Victoria, en el
Teatro Argentino y en el modesto Teatro Coliseo. Las temporadas incluían
títulos de Verdi, Bellini, Donizetti, de acuerdo con la moda
imperante en Europa. |
El primer Teatro Colón
El 27 de abril de 1857, se inauguró el primer Teatro Colón,
con una puesta de La traviata. Estaba ubicado frente a la Plaza
de Mayo, en la esquina sudoeste de la manzana comprendida entre Rivadavia,
Reconquista, Bartolomé Mitre y 25 de Mayo. Los planos fueron confeccionados
por el Ing. Carlos E. Pellegrini –padre del futuro Presidente de
la República–. Su capacidad estaba calculada para 2.500 personas.
En la construcción del primitivo Colón se utilizaron, por
primera vez en el país, tirantes y armazones de hierro. La multitud
de candelabros y la araña central de 450 luces eran alimentadas
a gas. El escenario, el más amplio que se construyera hasta esa
fecha, estaba dotado de todos los elementos necesarios para las grandes
puestas escenográficas.
En sus tres décadas de existencia, el antiguo Teatro Colón,
que debió cerrar sus puertas en 1888 para transformarse en la sede
del Banco de la Nación Argentina, presentó a los más
famosos cantantes de la época – Enrico Tamberlick, Giuseppe
Cima, Sofía Vera-Lorini, Giuseppina Medori, Federico Nicolao, Julián
Gayarre, Adelina Patti y Francesco Tamagno– y desarrolló
un repertorio que aún hoy sigue llamando la atención por
su amplitud y eclecticismo y que incluía estrenos de óperas
alemanas, que eran cantadas en italiano, tal como ocurría en algunos
países europeos.
El actual Teatro Colón
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Cuando
el antiguo Teatro Colón realizaba sus rutilantes temporadas
líricas, el Teatro de la Academia de Música de Nueva
York, activo en su sede de la calle 14 desde el año 1849,
y la desaparecida la Ópera Metropolitana de Broadway, nacida
en 1883, realizaban temporadas líricas limitadas, virtualmente,
al repertorio alemán, que resultaba económicamente
más viable que las óperas con estrellas vocales de
Italia, España y Francia. Hacia fines del siglo pasado, las
óperas italianas y francesas que se representaban en ambos
teatros neoyorquinos solían ser cantadas en alemán
con artistas de ese origen. Todo ello establecía un fuerte
distingo entre las actividades operísticas porteñas,
que se realizaban paralelamente en varias salas, y las de Nueva
York, distingo que se acentuaba por la diversidad del repertorio
abordado por nuestros teatros líricos y por la envidiable
calidad de sus intérpretes.
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El actual Teatro Colón nace, por lo tanto, de la imperiosa
exigencia de una sociedad que desde el temprano siglo XIX ha consagrado
a la ópera como su manifestación musical predilecta.
El gusto por esa suprema invención del tardío Renacimiento,
había alcanzado en Buenos Aires a fines del Ochocientos un
auge deslumbrante, al punto de que siete teatros rivalizaban en calidad
de oferta. Pero el inesperado cierre del Teatro Colón de la
Plaza de las Victorias había quedado en el espíritu
de la sociedad como una herida abierta que no lograba mitigar la fascinante
actividad que se desarrollaba en los otros teatros y que hacía
de la lejana Buenos Aires uno de los notables centros líricos
del mundo entero. La prosperidad de esta capital alimentaba las esperanzas
de la gente y del propio gobierno, que no hacía oídos
sordos a ese clamor. Por lo demás, el proyecto de construír
un teatro que reemplazara al primitivo Colón había sido
materia de debate antes de que el edificio de este último fuera
destinado a las actividades bancarias. Ya en esa época los
terrenos que ocupaba la estación Parque del Ferrocarril Oeste
(y en los que en definitiva se elevó el nuevo teatro) estaban
en la mira del Concejo Deliberante de la ciudad. El mismo año
del cierre del Teatro de la Plaza de las Victorias, el 20 de octubre
de 1888, era sancionada la ley que llevaba el número 2381,
por la cual se llamaba a licitación pública para construír
el nuevo teatro. El propósito de las autoridades era inaugurar
el nuevo Colón antes del 12 de octubre de 1892; pero, como
sabemos, ello no fue sino una ingenua expresión de deseos,
pues, si bien los trabajos se iniciaron en 1889, desde la fecha en
que fue dictada la ley y la inauguración del nuevo teatro transcurrieron
veinte años. Dificultades presupuestarias, técnicas,
políticas, meramente burocráticas y otras de diverso
género fueron anudándose en ese prolongado lapso. Finalmente,
la obra dio comienzo según el proyecto del arquitecto Francisco
Tamburini, a cuyo inesperado fallecimiento entró en escena
su más cercano colaborador y colega Víctor Meano, quien
hubo de introducir algunas modificaciones en el proyecto original,
que ya habían sido estudiadas por su autor. Refiriéndose
a la arquitectura del nuevo teatro, Meano la definía de este
modo: “Este género que no llamamos estilo por demasiado
manierado, quisiera tener los caracteres del Renacimiento italiano,
alternados con la distribución y solidez de detalle de la arquitectura
alemana y la gracia, variedad y bizarría propias de la arquitectura
francesa”. En esta dirección fue realizándose
la obra hasta 1904, año en que otro infausto acontecimiento
enlutó el teatro en ciernes: la muerte del arquitecto Meano,
bajo cuya dirección la obra avanzaba firmemente en pos de las
postreras etapas. La tragedia parecía acechar este proyecto,
pues también había fallecido Ángel Ferrari, entusiasta
empresario italiano, concesionario del nuevo Colón.
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El
eminente arquitecto belga Jules Dormal asumió entonces la
responsabilidad de llevar a buen término la obra, en la que
introdujo algunas modificaciones estructurales y dejó definitivamente
impreso su sello en el estilo francés de la decoración.
La imponente construcción resume las reglas y las tendencias
arquitectónicas de la época. No podría darse
síntesis más acabada del eclecticismo con que fue
encarada la arquitectura del Teatro, en la que se ensamblan de manera
tan natural, tan coherente, tan armoniosa estilos diversos, incluyendo
en la fachada rasgos del neogriego. El exterior es imponente pero
no grandioso. “Sin tener aspecto de masas colosales, demasiado
severas, que solamente convienen a edificios destinados al culto
político religioso –escribe Meano– él
se presentará con aspecto simple y variado, alegre y majestuoso
a la vez. Nuestro edificio tendrá el privilegio de indicar
a primera vista su propio destino.” |
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Características generales del edificio
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El edificio
está ubicado en el predio delimitado por las calles Libertad,
Arturo Toscanini, Cerrito y Tucumán, entre la Plaza Lavalle
y la Avda. 9 de Julio. El terreno sobre el cual está construido
abarca 8.202 metros cuadrados, de los cuales 5.006 corresponden
al edificio y 3.196 a dependencias bajo nivel de la calle Arturo
Toscanini. La superficie total cubierta del edificio es de 37.884
metros cuadrados.
Las fachadas están divididas en tres órdenes arquitectónicos.
El primero, que corresponde a la base, es de 8,50 metros de altura;
el segundo mide 9,20 metros, y el tercero es de 5,50 metros. Por
encima de las terrazas se destaca un elegante techo a dos aguas.
Es un conjunto armónico y con excelente perspectiva que puede
apreciarse a distancia, desde la Avda. 9 de Julio.
Distintos accesos facilitan el tránsito de los espectadores.
Por la entrada principal, sobre la calle Libertad, se ingresa a
la platea y a los palcos. Por Arturo Toscanini, a los niveles de
cazuela y tertulia, y por Tucumán a galería y paraíso.
Dos importantes marquesinas fueron colocadas después de su
inauguración; una en la entrada de Libertad y otra en la
de Cerrito. Esta última destinada al ingreso de los artistas
y del personal.
En la construcción –exquisitamente decorada–
se conjugan elementos del Renacimiento italiano. Basamentos sobrios,
bien definidos, semejantes al orden ático-griego que constan
de planta baja y primer piso; intercolumnios monumentales –con
capiteles jónicos y corintios– y sus multiformes variantes
unifican los pisos segundo y tercero; los vanos y aberturas están
tratados con arcos, arquitrabes y molduras del más rico diseño.
No se puede hablar de un estilo definido, sino de un estilo ecléctico
que fue propio de la construcción de principios del siglo
XX. |
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Entrada principal
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El
gran hall de entrada, con su magnífico mármol de Verona,
sus notables estucos símil mármol, los vitrales de
la cúpula y la escalinata que conduce al foyer de
plateas; el Salón de los Bustos y el llamado Salón
Dorado, en el piso noble, son dechados de lujo y refinamiento. Desde
los laterales de la escalera principal se accede al Pasaje de Carruajes,
pequeña calle interior que comunica Toscanini con Tucumán,
y por la que antiguamente se ingresaba al foyer principal.
Desde 1997, la Boletería se ubicó en instalaciones
que dan a este pasaje.
En la ornamentación se utilizó mármol de primera
calidad y de distinto origen. La escalinata (o escalera de honor)
es de mármol blanco de Carrara y las barandas que la circundan
son de mármol de Portugal. Al pie de la escalera –a
ambos lados– las barandas terminan en dos cabezas de león
talladas a mano en piezas completas. El último tramo de la
escalinata, de planta semicircular, da acceso a la galería
que conduce –también a ambos lados– a las escaleras
que llevan al primer piso. Las barandas están ubicadas sobre
el lado exterior de ambas escaleras; del otro lado, los basamentos
están revestidos en mármol negro de origen belga.
En el primer descanso, el visitante se enfrenta con dos magníficos
vitrales con motivos alegóricos que sirven de cabezales al
Salón Dorado. |
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El Salón de los Bustos
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Ubicado sobre el foyer
de platea, y de iguales dimensiones, está tratado, como el
hall principal, con basamentos de mármol –similar al
de las escaleras de honor– de donde nacen las columnas y las
pilastras con paramentos que imitan el mármol botticino.
El nombre de este foyer se debe a las figuras escultóricas
de famosos compositores que forman parte de la decoración.
Distribuidas en una monumental cornisa, profusamente adornada con
oro laminado, se encuentran los bustos de Beethoven, Bellini, Bizet,
Gounod, Mozart, Rossini, Verdi y Wagner. Desde los ventanales puede
observarse el gran hall de entrada, los frisos que adornan el amplio
recinto y el gran techo con vitrales. |
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El Salón Dorado |
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Desde ambos extremos del Salón de los Bustos se accede al
Salón Dorado, que ocupa todo el frente que da a la calle
Libertad y los dos ángulos de las calles circundantes, con
una extensión total de 442 metros cuadrados. Enormes columnas
talladas con profusión de detalles en oro, altos espejos
que lo asemejan a los grandes salones de los palacios de Versailles
o de Schoenbrunn, confieren a esta dependencia un especial atractivo.
Los muebles franceses, con lujoso trabajo de marquetería,
sillones y sillas tapizadas en color rosa pálido y una serie
de grandes arañas realzan aún más la majestuosidad
de este recinto. En este salón suelen realizarse conferencias,
conciertos y exposiciones de escenografía, vestuario y fotografía.
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Los vitrales
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Fueron concebidos en el proyecto de decoración del arquitecto
Meano, y realizados por la prestigiosa casa Gaudin de París,
en 1907.
En el gran hall forman un conjunto el vitral del centro, y dos vitrales
planos sobre los laterales. El primero, en forma de sombrilla octogonal,
está enmarcado con un artístico juego de molduras
doradas. La luz que se proyecta a través de una elaborada
composición multicolor crea un clima acorde con la magnificencia
del lugar.
En los cabezales del Salón Dorado hay dos espléndidas
realizaciones, de tenues colores, donde se recrean escenas que evocan
episodios de la historia y de la poesía de la Grecia clásica.
El primero representa a Homero recitando la Ilíada; el segundo,
un homenaje de Sapho al dios Apolo. Las escenas han sido producidas
con un gran sentido teatral y están hábilmente dispuestas.
Los personajes muestran naturalidad en las poses, sobre fondos arquitectónicos
de excelente perspectiva, y la transparencia les otorga un mágico
efecto.
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Salón Blanco y Palcos oficiales
Desde la galería de los Bustos se pasa directamente al Salón
Blanco, decorado con muebles y adornos de estilo francés. Esta
sala se encuentra frente a la entrada del “palco bandeja”,
llamado también “platea balcón”, que tiene capacidad
para 34 personas. Aquí se ubican las autoridades nacionales y sus
invitados con motivo de alguna representación especial. El salón
Blanco –totalmente alfombrado en rojo y amueblado con sillones de
felpa colorada– se utiliza como antepalco y es el ámbito
ideal para servir un refrigerio durante el entreacto de las funciones.
En este mismo nivel, al lado de la embocadura de escena, a derecha e izquierda
respectivamente, se encuentran el palco privado del Presidente de la Nación
y el del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Como el resto
de los palcos de los demás niveles –llamados avant scène
porque están sobre el foso de la orquesta– estos dos palcos
se destacan del resto por estar enmarcados con una importante ornamentación.
Pilastras y molduras en oro, culminan en dos importantes figuras alegóricas
contrapuestas. Desde ésta perspectiva, ambas líneas de palcos
avant scène continúan y se unen en la parte superior en
un gran arco (arco del proscenio) que favorece la acústica de la
sala. Pinturas inscriptas en medallones, en tenues gamas de rosa y colorado,
representan ángeles que sostienen, en diferentes poses, las notas
de la escala musical.
Los palcos privados (del Presidente y del Jefe de Gobierno de la Ciudad)
tienen capacidad para 20 personas, un recibidor, una sala de estar y dos
baños. El palco presidencial posee una salida de emergencia y una
línea telefónica directa con la Casa de Gobierno. Las paredes
están tapizadas en seda natural y decoradas a tono con el resto
de la sala.
La sala
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La sala, en forma de herradura, cumple con las normas más
severas del teatro clásico italiano y francés. La
excelencia de la acústica ha sido objeto de reconocimiento
internacional.
La planta está bordeada de palcos hasta el tercer piso. La
herradura tiene 29,25 metros de diámetro menor, 32,65 metros
de diámetro mayor y 28 metros de altura. Tiene una capacidad
total de 2.478 localidades, pero también pueden presenciar
los espectáculos alrededor de 500 personas de pie.
Las localidades de Cazuela se ubican en el 4º piso, las de
Tertulia en el 5º, las de Galería en el 6º, y las
correspondientes a Paraíso en el 7º piso. Esta disposición
característica de la época en que fue construido,
ha sido trabajada artísticamente para que el aspecto visual
de la sala se valorice por la armonía, el buen gusto de los
adornos empleados y la coloración lograda en todos los detalles.
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En cuanto al color, toda la sala está tratada con el mismo
criterio, utilizando tonos cálidos derivados del rojo y del
dorado.
La alfombra y el tapizado de las butacas son de terciopelo “sangre
de dragón”.
A partir de la Tertulia se desarrolla un intercolumnio
que continúa la herradura de la planta para sostener la bóveda
circular central. En ella está ubicada una magnífica
araña de siete metros de diámetro, con 700 lámparas
eléctricas, construida en bronce bruñido, que puede
ser descendida –para su reparación o su limpieza–
hasta el piso de la platea, mediante un sistema mecánico. La
araña fue construida en Francia a fines del siglo XIX, y está
considerada una magnífica obra de cincelado. Los palcos son
abiertos, a la usanza francesa, disposición que permite una
mayor visibilidad aún desde un segundo plano. La platea tiene
una suave pendiente, y el piso puede levantarse mediante un sistema
de ascensores mecánicos. Si se quitan las butacas se puede
transformar el recinto en un gran salón.
En el nivel de la platea se encuentran los palcos llamados Baignoires.
Estos diez palcos tienen la particularidad de estar cerrados con rejas
de bronce, y estaban destinados para los espectadores que guardaban
luto o que por alguna otra razón no querían ser vistos
por los demás concurrentes. Ya no se usan, y algunos han sido
asignados como cabina de sonido para las transmisiones de radio.
Espesos cortinados de terciopelo colorado cubren las entradas a la
sala y armonizan con los de los palcos, trabajados en seda natural
francesa, de un tono rosado, bordados en la parte exterior y forrados
en amarillo oro.
Todos los pisos de la sala están iluminados con artísticos
brazos de bronce bruñido y tulipas que forman ramos. Esta cálida
luz dorada destaca el resto de la decoración y crea un clima
de agradable intimidad. |
La cúpula
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Las
pinturas que originalmente había realizado Marcel Jambon
se deterioraron, por problemas de humedad, en los años ’30.
En la década del sesenta, se decidió pintar nuevamente
la cúpula y el trabajo le fue encargado al pintor argentino
Raúl Soldi. La obra fue concebida como un “suave ballet
policromo...” que representa la vida teatral en diferentes
aspectos. Bailarines, cantantes de ópera, actores de la Comedia
del Arte, músicos e instrumentos musicales, cubren los 318
metros cuadrados con la gracia de las suaves tonalidades y transparencias
que caracterizan al artista. Soldi no trabajó directamente
sobre el muro, sino que lo hizo sobre tela recortada en paños
que posteriormente se fijaron sobre la cúpula. En homenaje
a Jambon, Soldi utilizó un trozo del paño decorado
en aquella oportunidad. |
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El escenario
En el primer piso está ubicado el palco escénico, con una
inclinación de tres centímetros por metro. Tiene 35,25 metros
de ancho por 34,50 de profundidad y 48 metros de altura. Posee un disco
de 20,30 metros de diámetro que puede accionarse eléctricamente
para girar en cualquier sentido y cambiar rápidamente las escenas.
En 1988, se realizaron trabajos de modernización de la maquinaria
escénica en el sector de las parrillas. De esta forma, se incorporó
nueva tecnología que permitió facilitar el manejo de los
decorados y agilizar los cambios de escena. Un circuito cerrado de televisión
y un moderno equipo de transmisores portátiles ayuda a coordinar
todas las maniobras escénicas.
El piso del escenario es de pino de Canadá, desmontable en todas
sus partes. Dispuesto en calles, está sostenido por 29 tirantes
transversales empotrados en los muros laterales, que a su vez están
sostenidos –cada uno– por 9 columnas de hierro. La boca del
escenario está cerrada con un magnífico telón de
felpa roja con su borde inferior bordado hasta una altura de dos metros.
Se abre hacia los ángulos superiores mediante un mecanismo que
puede regular la velocidad de maniobra y permite cierres rápidos
o lentos según lo requiera la acción.
En 1992, se incorporó un sistema que permite seguir la acción,
con textos traducidos al español, proyectados en la parte superior
de la boca del escenario, de esta forma se facilita la comprensión
de las óperas cantadas en otros idiomas.
Delante del telón y en un nivel más bajo, está el
foso de la orquesta con capacidad para 120 músicos. Está
tratado con cámara de resonancia y curvas especiales de reflexión
del sonido. Estas condiciones, las proporciones arquitectónicas
de la sala y la calidad de los materiales contribuyen a que el Teatro
Colón tenga una acústica excepcional, reconocida mundialmente
como una de las más perfectas.
La acústica
Cantantes y directores de orquesta han admirado esa condición especial
de la sala para “llevar” el sonido hacia el espectador en
cualquier lugar del recinto. La forma de herradura que tiene la sala crea
una caja acústica adecuada; el arco del proscenio, formado por
el techo –sobre el foso de la orquesta– y los amplios laterales
donde se encuentran las filas de los palcos avant scène, proyecta
mejor el sonido hacia la sala. Curiosamente, tanto el trazado del cielo
raso, en forma de cúpula como las enormes dimensiones de la sala
no han afectado la excelencia de la acústica. La calidad y la disposición
de los materiales estructurales, los revestimientos y los decorados contribuyen
favorablemente.
La distribución de la yesera, de las maderas, de la tapicería,
de los cortinados y de las alfombras mantienen una acabada armonía
para que el tiempo de reverberación a quinientos y a mil ciclos
por segundo pueda considerarse óptimo, ya que alcanza 1,8 segundos
para conciertos y de 1,7 para representaciones de ópera.
A pesar de que hoy existen métodos de cálculo acústico
para prever los resultados de un diseño, existen imponderables
que pueden definir los resultados. Hoy se la reconoce como la sala de
mejor acústica del mundo.
Talleres y otras dependencias
El Teatro realiza las producciones de sus espectáculos en talleres
propios que están ubicados en los subsuelos. Desde los decorados
hasta el vestuario, todos los elementos se fabrican en el Colón.
En la sección Diseño de Producción se proyectan y
se diseñan los trabajos que se realizan en los distintos talleres
para cada título de la temporada. Estos talleres, de gran importancia,
no solo por su magnitud, sino por la obra que en ellos se realiza, fueron
habilitados en 1938: Maquinaria, Escenografía, Utilería,
Sastrería, Zapatería, Tapicería, Mecánica
escénica, Escultura, Fotografía, Maquillaje y Peluquería.
Gran cantidad de trajes de época, pelucas y tocados se fabrican
respondiendo a las necesidades de cada título; existe una importante
colección de elementos que son parte de la historia del teatro
y testimonio de los importantes artistas que los utilizaron.
También hay talleres de Pintura y Artesanía teatral, Luminotecnia,
Efectos especiales electromecánicos, y Grabación y video.
Desde el último piso de los talleres hasta el escenario, corre
un amplio montacargas destinado a elevar decorados ya armados, carruajes,
trastos, animales, muebles y todos los elementos necesarios para la escena.
El Teatro Colón cuenta con amplios camarines para los artistas,
los maestros prepapadores y los directores. Hay salas de ensayo y de prueba,
como la Sala 9 de Julio, que reproduce las medidas del escenario, y la
Rotonda, salón de forma circular rodeado de espejos que sirve como
sala de ensayo para el cuerpo de Baile. A partir de las obras realizadas
en los años ’70, que ganaron espacio debajo de la Avenida
9 de Julio, en el primer subsuelo se encuentran las oficinas administrativas.
Instituto Superior de Arte del Teatro Colón
Sede de cátedra de maestros como Roberto Kinsky, Edith Fleischen,
Otto Erhardt y Michael Gielen y semillero natural del Teatro, el Instituto
Superior de Arte, creado en 1937 como Escuela de Ópera del Teatro
Colón, es el instrumento fundamental de la tarea docente del Teatro.
En el Instituto Superior de Arte, que funciona en diferentes pisos del
Teatro, se dictan las carreras de Danza clásica, Canto lírico,
Régie, Dirección musical de ópera y Caracaterización
teatral. Los alumnos del Instituto participan a menudo de las producciones
del Teatro, y sus egresados integran en muchos casos los talleres del
Colón y de otros destacados centros artísticos del mundo.
La proyección de la instancia de aprendizaje se realiza tanto en
el Teatro Colón como en otros escenarios de Buenos Aires, del interior
del país y del extranjero.
La Biblioteca |
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La biblioteca del Teatro Colón es pública y cuenta
con un importante acervo bibliográfico disponible para la
consulta de estudiantes, periodistas, investigadores y público
en general.
Posee enciclopedias, diccionarios y libros de referencia sobre los
distintos estilos musicales, biografías, partituras y libretos.
Incluye libros sobre técnicas de ballet, diseño de
vestuario y caracterización. También se conserva la
colección completa de los programas del Teatro desde 1908
hasta la actualidad, los programas del antiguo Teatro de la Ópera,
la Gaceta Musical desde 1874 a 1887, la colección completa
de la revista Lyra, y otras revistas especializadas. El patrimonio
también incluye los recortes periodísticos referidos
a la actividad del Teatro desde 1927 hasta la fecha, y una importante
colección de fotografías.
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La actividad artística
Según Roberto Caamaño, en su libro La historia del Teatro
Colón, 1908-1969, se ha vulgarizado una clasificación que
divide los teatros en dos tipos: los permanentes y los “de estación”
(stagione). En los primeros, las temporadas abarcan diez u once meses
por año; cuentan con cuerpos artísticos, elencos y repertorios
más o menos estables, y tienen talleres y secciones técnicas
especializadas en las necesidades de la actividad teatral. Esto les permite
una variada programación que incluye el ballet y el teatro dramático
(por ejemplo, el Covent Garden de Londres o la Ópera de París).
En cambio, los teatros de “estación” desarrollan su
actividad durante períodos breves y variables, y contratan todo
el personal necesario para cada espectáculo.
El Teatro Colón funcionó desde 1908 hasta 1925 como un teatro
“de estación”. El desarrollo de la actividad estaba
a cargo de concesionarios y las temporadas eran de tres meses. En algunas
temporadas se agregaba algún ciclo de conciertos o de ballet. Recién
en 1925, cuando se crean los cuerpos estables (Orquesta, Coro y Ballet)
el período de actividades se extendió a seis meses. En 1931,
se eliminó el sistema de concesiones y el Teatro comenzó
afuncionar como un ente municipal. En 1934, comenzaron las presentaciones
de verano, y el teatro pasó a ser una institución artística
permanente. Actualmente, la temporada oficial se extiende desde marzo
o hasta diciembre.
La programación de ópera –siguiendo una antigua modalidad–
se ofrece al público en ciclos de abonos: Gran Abono, Abono Nocturno
Tradicional, Abono Nocturno Nuevo, Abono Vespertino y Abono Especial.
También se ofrecen funciones extraordinarias.
Los cuerpos estables
En 1925, el Teatro comenzó a producir sus temporadas con la participación de elencos totalmente argentinos, garantizando un funcionamiento regular y permanente. La Orquesta Estable, el Coro Estable, el Ballet Estable y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires conforman un excelente equipo que posee una honrosa tradición, alternando constantemente los estilos más diversos, ductilidad y altísimo nivel artístico que los convierte en pilares de cada función de ópera, ballet o conciertos. Artistas de la envergadura de Erich Kleiber, Héctor Panizza, Sir Thomas Beecham, Ferdinand Leitner, Juan José Castro, Gino Marinuzzi, Tullio Serafin, Gregorio Fittelberg, Fritz Reiner, Arturo Toscanini, Ernest Ansermet, Fritz Busch y Karl Böhm, entre muchísimos otros. La Orquesta Estable del Teatro Colón fue también templada por la presencia de compositores como Manuel de Falla, Richard Strauss, Henri Rabaud, Aaron Copland, Arthur Honegger y Albert Wolff, quienes frecuentemente trabajaron con ella sus nuevas obras. El Ballet Estable es el instrumento de las creaciones de coreógrafos nacionales y extranjeros invitados. La compañía ha realizado giras internacionales y varios de sus integrantes han desarrollado importantes trayectorias fuera del país: Julio Bocca, Maximiliano Guerra, Norma Fontenla, Paloma Herrera, Liliana Belfiore, Raquel Rossetti, José Neglia. El Ballet Estable contó con célebres étoiles como Margot Fonteyn, Yvette Chauviré, Joan Cadzow, Alicia Alonso, Igor Youskevich, Tamara Tumánova, Ghislaine Thesmar, Rudolf Nureyev, Maia Plisétskaia, Vladímir Vasíliev, Ekaterina Maxímova, Viacheslav Gordeiev, Carla Fracci, Ludmila Semeniaka, Mijaíl Baríshnikov, Nadezhda Pávlova, Cecilia Kerche y Alessandra Ferri, entre otros. Directores como Herbert von Karajan, Wilhelm Furtwängler, Sir Thomas Beecham, Peter Maag, Ferdinand Leitner, Lorin Maazel, Zubin Mehta, Eduardo Mata y solistas de la talla de David Oistrakh, María Tipo, Marian Anderson, Nicanor Zabaleta, Andor Foldes, Martha Argerich, Régine Crespin, Gidon Kremer, Yo-Yo Ma, Itzhak Perlman, Evgene Kissin, Plácido Domingo y Pinchas Zukerman no hacen más que dar una semblanza de la categoría de los artistas que han trabajado con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.Frecuente protagonista de giras al exterior, la es la agrupación sinfónica del país que mayor número de partituras de autores argentinos ha programado, como lo demuestran los estrenos y primeras audiciones de más de trescientos cincuenta obras, con el anhelo de que la música de estos compositores sea difundida universalmente.
Centro de Experimentación del Teatro Colón
Creado en 1990 para la difusión de obras de vanguardia, muchas
de ellas en carácter de estreno, el Centro se ha especializado
también en miradas alternativas sobre obras menos frecuentadas
del repertorio clásico. Estrenos de partituras de Hans Werner Henze,
Marc Neikrug y John Cage se alternan provocativamente con las de Monteverdi
y Bach, Britten y Schönberg, Stravinsky y Janácek, pasando
por prestigiosos autores argentinos como Francisco Kröpfl, Martín
Matalón, Marta Lambertini, Luis Naón, Alejandro Tantanián,
entre muchos otros. El Centro es un espacio alternativo para nuevas expresiones
y para la iniciación de los jóvenes artistas, y produce
una fecunda realimentación de talentos. Desde 1997, el CETC tiene
su propia sede en el subsuelo del Colón, con ingreso por el Paseo
de Carruajes, reinaugurado ese mismo año.
Además, el Teatro Colón cuenta con un cuerpo de Figurantes
de escena y cantantes. Los maestros internos trabajan con los artistas
en la preparación de las obras, y coordinan los ensayos individuales
y de conjunto.
Los artistas que actuaron en el Colón
Entre los compositores más celebrados que dirigieron sus obras
en el Teatro Colón, se destacan Richard Strauss, Arthur Honegger,
Ildebrando Pizzetti, Ottorino Respighi, Igor Stravinsky, Paul Hindemith,
Camille Saint-Saëns, Manuel de Falla, Aaron Copland, Krzysztof Penderecki,
Gian-Carlo Menotti, Héctor Panizza y Juan José Castro. Los
principales directores de orquesta se presentaron en nuestra sala, como
Otto Klemperer, Fritz Reiner, Erich Kleiber, Fritz Busch, Ernest Ansermet,
Wilhelm Furtwängler, Herbert von Karajan, Tullio Serafin, Gino Marinuzzi,
Arturo Toscanini, Albert Wolff, Víctor De Sabata, Leonard Bernstein,
Mstislav Rostropovich, Sir Malcolm Sargent, Karl Böhm, Fernando Previtali,
Sir Thomas Beecham, Ferdinand Leitner, Lorin Maazel, Igor Markevitch,
Bernard Haitink, Zubin Mehta, Marek Janowsky, Aldo Ceccato, Riccardo Muti,
Kurt Masur, Michel Corboz, Franz-Paul Decker, Riccardo Chailly, Sir Simon
Rattle, Claudio Abbado, René Jacobs y los argentinos Ferrucio Calusio,
Daniel Barenboim, Gabriel Garrido, Miguel Ángel Veltri y Simón
Blech, entre otros.
Entre los cantantes, la extensa lista incluye a Enrico Caruso, Fedor Chaliapin,
Titta Ruffo, Rosa Raisa, Gabriela Besanzoni, Claudia Muzio, Lotte Lehmann,
María Barrientos, Ninon Vallin, Lily Pons, Beniamino Gigli, Giacomo
Lauri-Volpi, Helen Traubel, Aureliano Pertile, Rafael Lagares, Miguel
Fleta, Alexander Kipnis, Ebe Stignani, Lauritz Melchior, Georges Thill,
Maria Caniglia, Bidu Sayâo, Ezio Pinza, Tito Schipa, Toti Dal Monte,
Fedora Barbieri, Hipólito Lázaro, Max Lorenz, Gina Cigna,
Zinka Milanov, Rose Bampton, Leonard Warren, Kirsten Flagstad, Hans Hotter,
Elisabeth Schwarzkopf, Maria Callas, Mario del Monaco, Erich Kunz, Nicola
Rossi-Lemeni, Victoria de los Ángeles, Felipe Romito, Renata Tebaldi,
Antonieta Stella, Borís Christoff, Inge Borkh, Ramón Vinay,
Ana Moffo, Richard Tucker, Cornell MacNeil, Flaviano Lavo, Régine
Crespin, Annelise Rothemberger, Jon Vickers, Birgit Nilsson, Wolfgang
Windgassen, Joan Sutherland, Leonie Rysanek, Montserrat Caballé,
Teresa Berganza, Alfredo Kraus, José Carreras, Leona Mitchell,
Leontyne Price, Frederica von Stade, June Anderson, Kiri Te Kanawa, Katia
Ricciarelli, Marilyn Horne, Anna Tomowa-Sintow, Kathleen Battle, Cecilia
Bartoli, Plácido Domingo, Hildegard Behrens, Christa Ludwig, Eva
Marton, Hermann Prey, Nicolai Gedda, Sherrill Milnes, Beverly Sills, Sena
Jurinac, Waltraud Meier, Renée Fleming, Luciano Pavarotti, José
van Dam, Gwyneth Jones, Ferruccio Furlanetto, Dmitri Hvorostovsky, Mirella
Freni y Samuel Ramey. También cantaron en el Colón artistas
argentinos que han desarrollado una importante carrera internacional,
como Delia Rigal, Luis Lima, Raúl Giménez, Ana María
González, Renato Cesari, Ricardo Cassinelli, Gian-Piero Mastromei,
Ángel Mattiello, Carlo Cossutta, Carlos Guichandut, Cecilia Díaz,
Paula Almerares, Marcelo Álvarez, José Cura y Darío
Volonté.
Primeras figuras de la danza bailaron en el Teatro Colón: Anna
Pavlova, Vaslav Nijinsky, Tamara Karsavina, Rudolf Nureyev, Alicia Alonso,
Maia Plissetskaya, Tamara Toumanova, Margot Fonteyn, Mijail Baríshnikov,
Vladimir Vassiliev, Ekaterina Maxímova, Ghislaine Thesmar, Michael
Denard, Antonio Gades, y los argentinos María Ruanova, Olga Ferri,
Michel Borovsky, José Neglia, Norma Fontenla, Wasil Tupin, Esmeralda
Agloglia, Jorge Donn, Julio Bocca, Maximiliano Guerra y Paloma Herrera.
© Copyright 2006. Teatro Colón. |
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