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El Mundo
11 de Abril de 2016

100 años de Alberto Ginastera

Por Brian Majlin

El 11 de abril de 1916 la nota más importante de los diarios marcaba el escrutinio definitivo de las elecciones presidenciales celebradas 9 días antes. Mientras el flamante Presidente, el radical Hipólito Yrigoyen, se enteraba de la distancia definitiva que le sacaba al segundo, Ángel Rojas, del PAN; en un hospital de Barracas, nacía Alberto Evaristo Ginastera.

A los seis años ya jugaba tocando una flauta que le habían regalado los reyes magos, según cuenta su biógrafa Pola Suárez Urtubey, y en pocos años pasó de las clases particulares a sus estudios formales en el Conservatorio Williams, donde aun antes de graduarse -en 1938- ya había compuesto la suite del ballet Panambí, que sería estrenada en el Teatro Colón pocos años después. Luego pasó al Conservatorio Nacional.
Su destreza e ingenio para la composición le valieron la beca Guggenheim en 1945 y pasó dos años estudiando y mejorando sus capacidades compositivas en Estados Unidos, bajo la tutela de Aaron Copland.

Entre múltiples títulos y composiciones, elaboró tres óperas -Don Rodrigo (1964), Bomarzo (1967), censurada por la dictadura de Onganía, y estrenada en 1972, y Beatrix Cenci (1971), que se repuso en el Colón hace apenas un mes, como parte de los festejos por su centenario en el denominado #AñoGinastera. Cuando murió, en 1983, llevaba diez años viviendo en Ginebra, donde conservan sus restos y habrá cuantiosos homenajes, y estaba trabajando en una idea: una cuarta ópera llamada Barrabás.

Su osadía vanguardista lo volvió seductor para músicos de todo tipo, más allá de la academia. Desde Astor Piazzolla en el rubro del tango -aunque con Ginastera aprendería de composición en general y hasta recibiría premios por sus Sinfonías-, hasta la banda de rock Emerson, Lake and Palmer, que tomó el cuarto movimiento de su Primer Concierto para Piano y, con su aprobación, lo volvió una canción popular: Toccata.
Su obra es destacada hoy en todo el mundo y el Colón no está exento de tamaña conmemoración de uno de los mayores compositores de la música argentina, que ha trascendido los límites de la academia y -como dice Laura Novoa en su reconocimiento en Clarín- ha llegado al campo popular.

Nacionalista hasta en sus obras, Ginastera imprimió el ruralismo y la impronta gauchesca en las obras de su primera etapa, cuyo contenido identificó a la música argentina en todo el mundo. Aunque dividió su música en tres etapas -nacionalismo objetivo, nacionalismo subjetivo y  neo expresionismo- mantuvo rasgos de la impronta localista en toda su trayectoria.

El compositor, que en 1989 recibiría un Konex de Honor como homenaje póstumo, fue más que un artista; fue, además, un hombre de la música que intentó modernizar y profesionalizar las instituciones. Un gestor cultural.  

Creó el Conservatorio de Música y Arte Escénico de la Provincia de Buenos Aires, la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la Universidad Católica Argentina y el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM), en el mítico Instituto Di Tella. Hoy el Conservatorio de Morón lleva su nombre.

Esta semana, el Teatro Colón dedicará el Abono 3 de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por Enrique Arturo Diemecke, a homenajear a Ginastera, con la interpretación de la Obertura para el Fausto Criollo Op. 9, las Variaciones Concertantes Op.30 y las Danzas del ballet Estancia Op.8a.

Antes, en marzo, estuvo en cartel la ópera Beatrix Cenci y en los conciertos del abono de OFBA del 6, 13 y 27 de octubre habrá interpretaciones especiales en el #AñoGinastera. El 25 de noviembre será el gran cierre con su Cantata para América Mágica, de su etapa neo expresionista.