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Ópera
1 de Julho de 2016

La ópera de Zimmermann que fue contra todas las reglas

Columna de Pola Suárez Urtubey, publicada originalmente en el diario La Nación el 30 de junio.

Ecribimos a mediados de febrero del año pasado que en esos días se conmemoraban los 50 años del estreno, en la ciudad alemana de Colonia, de la ópera Die Soldaten (Los soldados) de Bernd Alois Zimmermann, un músico que había nacido en aquella misma ciudad en 1918 y se había suicidado en 1970.

Pues bien, pasado casi un año y medio de aquella mención, ahora la tendremos dentro de unos días en el Colón, con carácter de estreno para nuestro país. Comentamos en aquella oportunidad que el autor acude para su creación a uno de los hombres que hacia fines del siglo XVIII trazó un rumbo decisivo en la literatura de su país, como representante fundamental, junto con Goethe, del Sturm und Drang (algo así comoTempestad y asalto). Nos referimos a Jacob Lenz (1751-1792), ligado apasionadamente a ese primer movimiento revolucionario de la literatura alemana que se rebeló contra la filosofía de las luces y contra lo que consideraba la superficialidad del estilo rococó. Los Stürmer amaron el caos como más fértil que las construcciones racionales, valoraron el contenido antes que las formas y dieron derecho de ciudadanía al entusiasmo de los sentidos y a la realidad más cruel.

En el caso de Lenz, autor de Los soldados, su obra fue el lugar para la experimentación de teorías teatrales extremadamente audaces e innovadoras. Y hacia ella se dirige Zimmermann, en la década de 1960, para su ópera del mismo nombre, en cuya trama narrativa añadió elementos nuevos a través de films mudos y de bandas magnéticas. Tengamos en cuenta que Lenz había declarado la guerra a las reglas de las tres unidades (lugar, acción, tiempo) y al teatro clásico. Sus dramas se desarrollan en una multitud de lugares pero guardando una gran unidad de acción interna. El gran creador francés Pierre Boulez hace notar que, como la pieza de Lenz (1776) que le sirve de modelo, la de Zimmermann es un lugar de experimentación de teorías teatrales audaces e innovadoras. El mismo Boulez subrayaba en un texto aparecido en 1977 que "Los soldados acude a todos los tesoros de la memoria cultural y a los lenguajes más variados. Sonoridades suntuosas y brillante virtuosismo yuxtapuestos a una ascética simplicidad, pensamiento serial ortodoxo vecino con citaciones del canto gregoriano, del jazz, del folklore y de corales de Bach".

Aclaramos en aquella columna de febrero del año pasado que la textura de base es serial, con 12 series dodecafónicas sobre las que trabaja Zimmermann las distintas escenas organizadas en cuatro actos, más una decimotercera que utiliza para algunos de los interludios. En cuanto al tratamiento de la voz, es verdaderamente difícil, con tesituras muy extendidas, mientras la orquesta contiene exigencias desafiantes.

El abono de ópera del Colón estará entonces este mes de julio (días 12, 15, 17, 19 y 20) ocupado con esta novedad a cargo de figuras extranjeras junto a intérpretes locales. Hay mucha inquietud por conocer la obra.