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Ópera
30 de Novembro de 2016

De Charleston a Soweto, sin escalas

Publicado originalmente en Revista Teatro Colón No. 125

Por Vanina Lion Hansen

En el mes de diciembre, pleno Summertime porteño, el público argentino podrá disfrutar del regreso de Porgy and Bess de George Gershwin al escenario del Teatro Colón, donde sólo se dio una vez, en 1992. En esta entrevista, la directora de escena Christine Crouse y el director musical Tim Murray expresan sus puntos de vista de esta producción de la Ópera de Ciudad del Cabo, que traerá además su propio elenco y su coro.

El libreto de Ira Gershwin y DuBose Heyward sitúa Porgy and Bess en Catfish Row, o la Calle del Bagre, en Carolina del Sur, Estados Unidos, a comienzos de los años ’30. La totalidad del elenco estaba conformado únicamente por cantantes negros con formación en música clásica: una visión de avanzada para la época. Allí, la acción narra la historia de Bess, una mujer que queda a la deriva durante un tiempo, mientras su amante se escapa de la ciudad por un crimen que cometió, y Porgy, un lisiado de buen corazón, se enamora de ella y quiere vivir una historia de amor, aunque su amada se debata entre su ex amante y él. Crown –el amante de Bess- y Sportin’ Life se enredan en asuntos turbulentos, peleando todos por el amor de la misma mujer. Pero Porgy no se da por vencido y se las ingenia para perseguir lo que considera su genuino amor.

Aunque George Gershwin la considerara su mejor obra, no fue hasta 1976 cuando fue aceptada y aclamada en los Estados Unidos como una “ópera verdadera”. A partir de ese momento, Porgy and Bess recibió admiración por esa síntesis musical que amalgama las técnicas orquestales europeas con las expresiones del jazz y la música folk estadounidense.

En la puesta que se verá en el Teatro Colón, la acción se muda de Carolina del Sur a Soweto, un gueto de Sudáfrica, durante la época del apartheid. Tuvimos la oportunidad de realizarles algunas preguntas al director musical Tim Murray y a la directora de escena Christine Crouse, respecto de su visión de esta producción de la Ópera de Ciudad del Cabo.

 

¿Qué pueden decirnos de esta producción? ¿Qué se prepara a disfrutar el público argentino en diciembre?

Christine Crouse: Como equipo creativo, el diseñador Michael Mitchell y yo nos inspiramos en representaciones pictóricas de la vida social urbana en los guetos de Sudáfrica, en fotógrafos como Jürgen Schadeberg -el jefe de fotografía de la famosa revista Sudafricana DRUM-, y el fotógrafo ghanés James Barnor. Sus representaciones de la vida en los guetos, mayormente en blanco y negro, capturan tanto la vibrante vida callejera como la tristeza de los años del apartheid. Cuando me acerqué por primera vez a la pieza, luego de su larga trayectoria en Ciudad del Cabo, me llamó la atención el paralelismo entre la vida en Catfish Row, en Charleston, y la sociedad urbana en Sudáfrica. En los años ‘70  guetos como Soweto eran lugares donde abundaban los gangsters. Los tsotsis (gangsters sudafricanos) inspiraron sus vestimentas en las estrellas de cine americanas como Richard Widmark, James Cagney y Edward Robinson.

 

¿Cómo era la música en esos guetos?

Hacer música en las calles y Shebeens (originalmente bares sin licencias donde se vendía alcohol) era parte de una vida cotidiana aparentemente satisfecha. Bailar y hacer música se convirtieron en un mecanismo de supervivencia para la clase trabajadora africana. Las apuestas eran uno de los pasatiempos favoritos y los jefes más ricos y ostentosos de los guetos se involucraban en toda clase de “negocios” extras. Para escapar de las realidades hostiles de sus vidas, la gente se volvía hacia la iglesia, especialmente hacia las iglesias independientes de África, como la Iglesia Sionista, que surgió de la iglesia Cristiana Católica en Sion, Illinois, establecida en África por los misioneros americanos en 1904. Esto es lo que el público puede esperar de esta producción: una representación vibrante de la vida de comunidad a través de canciones y danza, con una honestidad enraizada en el hecho de que la compañía se adueñó de esta pieza.

Tim Murray: Es cierto que hay muchos paralelos entre las comunidades marginadas de Carolina del Sur en los años 1920 y Sudáfrica en los ’70, especialmente en la manera en la que la música es utilizada como un modo de expresión en la comunidad. Aún hoy los sudafricanos estallan en canciones como un modo de expresión colectiva de alegría, dolor o esperanza, tal como los residentes de Catfish Row lo hacen en Porgy and Bess. Por esta razón, sé que la compañía tiene una conexión muy profunda con los personajes de la ópera, y cuando el coro está a pleno pulmón, ¡todavía hace que se me paren los pelos de la nuca! La compañía tiene una actitud de total energía. El espectáculo es físico, visceral y emocionante, pero también tiene momentos de gran tristeza. Tenemos un estilo muy distintivo y seguramente le va a encantar al público.

 

Han estado involucrados en esta producción por varios años. ¿Cómo sienten que ha evolucionado desde su debut?

CC: Sí, hemos hecho esta producción por varios años, pero como tengo un muy buen equipo alrededor, nos aseguramos de que, cada vez que la hacemos, repasemos previamente la música con cuidado, y sobre todo, de contar la historia de manera honesta y con sinceridad. Hicimos esta producción por primera vez en el Reino Unido, en 2009. ¡Nunca imaginé que sería tan exitosa! En aquel momento, aún teníamos que importar cantantes para interpretar los roles de Bess y Sportin’Life. Cuando hicimos el siguiente tour en el Reino Unido, sólo tuvimos que importar el rol de Sportin’Life. Desde ese momento, hemos ido de gira con un elenco de Porgy and Bess completamente sudafricano. A lo largo de los años trabajamos duro para construir la compañía. Allí yace su fortaleza, en la que algunos miembros fueron promovidos a papeles más importantes. Cada vez que reponemos la puesta lo hacemos con ojos críticos, y nos aseguramos de afinar cada detalle. La compañía trabaja como una máquina bien aceitada y con gran compromiso por parte de cada uno de sus miembros.

TM: Desde que dirijo esta producción hemos estado en constante desarrollo, refinando y perfeccionando nuestro trabajo en equipo. La pieza es larga y muy compleja, y como en cualquier reposición, siempre hay algo en lo que se puede mejorar. Y es muy importante que suene como nueva cada vez que la presentamos. Estoy particularmente interesado en destacar Porgy and Bess como una gran obra maestra del siglo XX: hay tanta música allí que la gente no conoce, y necesitamos hacerle justicia a la visión del compositor. Hasta la música más ligera también necesita cuidado y atención, para que tenga estilo y swing verdadero.

 

Por el mundo

Desde su estreno, esta puesta giró por ciudades como Tel Aviv, Londres, Berlín, Merlbourne y Barcelona, entre muchísimas otras. En diciembre, le toca el turno a Buenos Aires.

 

¿Cómo es recibida la producción en los diferentes países en los que han estado? ¿Y cómo difiere, tanto para ustedes como para el elenco, interpretarla en Madrid, en Londres o en Buenos Aires?

CC: Ninguna audiencia es igual, pero siempre somos recibidos con mucho entusiasmo, creo que debido a la honestidad y exuberancia que transmite el elenco. Realmente vivencian cada representación de Porgy and Bess. Dondequiera que vamos siempre ponemos un standard muy elevado. Cada nuevo lugar que visitamos es un nuevo desafío.

TM: La reacción es distinta en cada ciudad, y eso es esperable. Todos los públicos encuentran diversos puntos de contacto con la pieza. Pero yo encuentro que esta compañía tiene un modo muy directo de llegar al público. Ha habido algunas presentaciones (por ejemplo en Burdeos y Barcelona), en las que esta energía especial erupciona por parte de todos, y estas experiencias han estado entre las más eléctricas que alguna vez haya experimentado.

 

¿Cómo se conecta cada uno de ustedes con la obra de Gershwin en general, y con esta ópera en particular?

CC: Cuando era más joven, en realidad no me gustaba Porgy and Bess y nunca creí que algún día la dirigiría…pero en cuanto investigué las similitudes entre Catfish Row y la gente de Sudáfrica, y estudié la música hasta ir al primer ensayo para su premier en 2009, ¡llegué a amarla y entenderla mejor! Es una obra maestra, y muy cercana a mi corazón. Cuando actuamos, me siento feliz.

TM: Siempre he sido fan de Gershwin, pero creo que a menudo es ignorado como compositor “serio”, debido a sus extraordinarias habilidades para escribir canciones. Claro que son canciones muy, muy buenas, pero en Porgy and Bess tenemos tanto al Gershwin ‘campeón autor de canciones’ y al Gershwin ‘ambicioso compositor de ópera del siglo XX.’ Porgy and Bess tiene una síntesis única de jazz, blues, ópera verista y modernismo. Él inventa lo que yo llamo su estilo jazz-verista –líneas líricas con inflexiones de jazz-, por ejemplo en los grandes dúos. Gershwin mismo estaba muy orgulloso de los momentos “operáticos” complejos, como el ensamble que juega a las cartas al principio, que tiene muchas líneas vocales superpuestas.

 

Esta será la primera vez que actúen en el Teatro Colón. ¿Cuáles son sus expectativas?

CC: Estamos muy emocionados por llevar la pieza a ese hermosa casa de ópera y actuar en un país nuevo para nosotros, en el que nunca hemos estado antes. Pero uno siempre está un poquito nervioso, anticipando y esperando que todo vaya según lo planificado. Por suerte, somos un equipo fuerte. Nos autoproclamamos “la familia Porgy”.

TM: Ésta será mi primera vez en el Teatro Colón, en el país, ¡y hasta el continente! Honestamente, ¡estoy ansioso por llegar!

 

Un poco de historia

George Gershwin escribió una carta al autor del libro Porgy, que estaba leyendo en ese momento, en la que le proponía que colaboraran en una adaptación operística del libro. El poeta afroamericano DuBose Hewyard aceptó de inmediato, pero Gershwin tenía compromisos previos en Nueva York, lo que le impidió dedicarse al nuevo proyecto por varios años. A partir de 1933 y durante dos años, los hermanos Gershwin y Heyward mantuvieron encuentros cara a cara sólo algunas veces. El resto del tiempo se manejaron por correspondencia, y aún así lograron escribir obras maestras como Summertime, e It ain’t necessarily so, entre otras.

Las críticas del estreno en Broadway en 1935 fueron dispares. Tal vez, a causa de los recortes que hizo Gershwin, sacando partes, para acrecentar la acción dramática. La puesta original en Broadway duró 124 funciones, y luego giró durante dos meses por Filadelfia, Pittsburgh, Chicago y Washington. Tanto George Gershwin como DuBose Hewyard murieron (en 1937 y 1940 respectivamente), sin saber que en 1976, de la mano de Houston Grand Opera –quien la llevó a ganar el único premio Tony jamás otorgado a una ópera-, la historia se revertiría y la crítica reconocería el trabajo como una de las grandes composiciones musicales del siglo pasado.

 

Maestría musical

Para Tim Murray, la maestría de Gershwin se deja oír en muchos momentos de la ópera, aunque el destaca algunos en particular: “Una escena ejemplifica este ambicioso estilo de Gershwin: tras el asesinato de Robbins, Bess y Sportin’ Life mantienen una conversación intensa, ritmos de habla con estilo blues. Bess no tiene a nadie más a quien acudir y Sportin’ Life ve una oportunidad. En la orquesta, Gershwin toma un fragmento de una frase previa de Robbins: “I been sweating all day”, y la repite una y otra vez en una triste passacaglia